Humildad de Cristo Rey

Humildad de Cristo Rey
Humildad.

sábado, 30 de abril de 2011

Hasta siempre, abuela.

Te has ido. Y nuestras mentes no se hacen a la idea, ni nuestras mentes, ni nuestros cuerpos, que se ahogan en un nudo y deshacen en lágrimas al ver la ida de un ser querido, del mejor de los seres.

En la vida hay gente que va y gente que viene, gente que recuerdas y gente que al día siguiente no sabes ni cómo se llama, gente que te ayuda y gente que te da la espalda. Hay muchos tipos, pero tú, abuela, eres de las personas que dejan huella.

Siento que no he tenido tiempo de decirte muchas cosas y, sobre todo, de enseñarte muchas cosas y que tú me las enseñes a mí.

Ante todo, quiero pedirte perdón si alguna vez te he hecho sentir mal, sufrir o si a veces has pensado que no te escuchaba, como sabes me quedo en mi mundo y soy un poco despistada.

También quiero darte las gracias:
Gracias por tus conversaciones.
Gracias por tu buen humor.
Gracias por tu amabilidad.
Gracias por subir a vernos, que aunque tú dijeras que no, nos alegrábamos mucho de ello.
Gracias por echarnos de menos.
Gracias por recibirnos siempre con alegría.
Gracias por aguantarnos cuando éramos pequeños.
Gracias por tu sonrisa a veces traviesa.
Gracias por tus historias y cuentos.
Gracias por habernos hecho reir con tus chistes.
Gracias porque siempre tenías algo que regalarnos aunque te faltara a tí.
Gracias por prestarnos tu balcón para ver pasar al Ecce-Homo, la Virgen del Carmen o la cabalgata de reyes. Seguro que ahora podrás bajar con nosotros a verlos y a ver los demás a pie de calle.
Gracias por esa simpatía que derrochabas al intentar bailar con nosotros una sevillana o lo que fuera auqnue te doliese el cuerpo, y aun así, lo hacías con un salero que muchos envidiarían.
Gracias por los simpáticos gestos que hacías en el sillón para hacernos visualizar mejor una historia.
Gracias por sacarnos de paseo a pesar de tener que ir sujeta a ese carrito de la compra lleno de botellas de agua.
Por todo eso y por muchas más cosas que no puedo poner porque no terminaría nunca, muchas gracias abuela.

Cuántos recuerdos tengo tuyos abuela, ¡cuántos! Y te aseguro que malos, prácticamente ninguno.
Recuerdo la ilusión con la que leías mis poemas y artículos y corriendo llamabas a una mujer cuyo nombre no recuerdo y se los recitabas, esa ilusión que volvías a hacer asomar cuando veías un dibujo nuevo.

Recuerdo tu particular perfume, que olía tan bien y que te caracterizaba, ese que nos hacía decir a todos :"¡Huele a abuela Lupe!". Recuerdo también esa particular manera tuya de mover las manos, que tenía un arte especial y las hacía únicas. Y que decir de las pinturas, unas grandes amigas tuyas que nunca podían faltar y que sólo algunos privilegiados hemos tenido el honor de verte sin ellas cuando te visitábamos muy temprano, aunque había que tener suerte, porque siempre ibas terminada abuela, aun que a tí no te hacía falta.

A pesar de la tristeza, hay un pensamiento que nos consuela un poco, y esque ahora estás con el abuelo, otra persona ejemplar y a la que tú y nosotros queríamos tanto, y que tuve la mala fortuna de disfrutar muy poco tiempo, pero que seguro que fue un abuelo ejemplar y al que también tengo muchas cosas que decirle, pero no cabrían en este tablón.

Espero que disfrutes eternamente ahí arriba con él, ya no lo perderás jamás abuela, ya se acabaron esas largas noches de lágrimas por haberlo perdido, abrázalo y dale un beso que seguro que lo está deseando (seguramente ya lo habrás hecho)

Disfruta de su compañía y disfruta también de la de Dios, el Señor de la Humildad y la Virgen de los Remedios, a la que tanta devoición tenías, ¿cómo son sus caras abuela? Seguro que tú ya lo sabes porque te habrás reunido con Ellos al instante, ya sabes, el lugar de los ángeles es el cielo.

A pesar de que me faltan muchas cosas que contarte tengo que despedirme, pues la capacidad del tablón es limitada, pero no será un adiós eterno, no me olvido de tí, como ya te he dicho, eres de las personas que dejan huella, y la tuya es imborable.

Recuerda que me siento muy afortunada de que seas mi abuela y de haber nacido en tu familia, que nunca te olvidaré y que mi corazón nunca se cansará de quererte.

Quiero que sepas que en esta familia nunca has "sobrado" y siempre ha habido (y hay) un hueco para tí, y que si alguna vez no podíamos ir a visitarte era porque estábamos muy ocupados, pero nunca hemos dejado de quererte.

TE QUIERO, OS QUIERO.

Rocío Jiménez.